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Una casa cualquiera o tu hogar perfecto

verás como absolutamente ‘nada es irrelevante

Si prefieres escuchar mi historia pulsa PLAY:

Veintiséis años tenía cuando me embarqué en la entonces insospechada turbulenta travesía de encontrar mi nueva casa, que por aquel entonces identificaba inequívocamente con el concepto de hogar.

Veintiséis años, un exigente y prometedor puesto de trabajo en la división internacional de una de las empresas más importantes de nuestro país, y una flamante pareja que en pocos meses se convertiría en el que hoy es mi marido.

Trabajando a un ritmo de 7/24 y sin perder ni un minuto de mi tiempo libre en nada que no fuera disfrutar de aquel bonito momento que la vida nos regalaba, decidimos que queríamos comprar una casa.

Es decir, dar el paso hacia nuestra nueva vida en común y, cómo no, ampliar la familia en algún momento que en aquel instante se vislumbraba lejano.

Y así, como quien habla de ir al cine el siguiente fin de semana, nos lanzamos sin pensar más allá y mucho menos analizar lo que queríamos ni un minuto:

¡estaba claro!:

una casa bonita con tres habitaciones y dos baños,

¡ah! … y un salón muy amplio por supuesto.

No era para hacer un análisis en profundidad de cuáles eran nuestras verdaderas necesidades ni deseos a medio plazo…

¡Tan solo se trataba del lugar en el que queríamos formar una familia!

De esto hace ya unos cuantos años (mas de los que quisiera reconocer). El recuerdo que me queda de aquello es el de

la decepción que iba en aumento visita tras visita,

la frustración por la pérdida de aquel tiempo tan escaso y preciado y

también recuerdo aquella discusión que tuvimos en el coche cuando un agente inmobiliario nos llevó , nada menos que desde El Paseo de la Habana (en pleno Madrid) hasta Majadahonda (que está a las afueras) para ver inmuebles tan dispares como un piso a reformar o un chalet unifamiliar independiente a estrenar.

“¿Pero ¿qué hacemos aquí?”

Decía entre lágrimas, en medio de la carretera de La Coruña camino a las afueras de Madrid cuando lo que queríamos era vivir en el casco urbano de la ciudad.

El resultado fue que tras varios meses de llamadas, citas y visitas que se nos hicieron interminables, finalmente elegimos la primera casa que nos pareció a esas alturas la más aceptable, sin pensar en las consecuencias que ello podría tener en nuestras vidas.

Después de todo … ¡¡tenía una chimenea tan bonita en el salón!!

Pero, como no podía ser de otra manera, nuestra precipitada decisión tomada a la desesperada tuvo sus consecuencias. Siempre las tiene.

Alguna bastante evidente. Pero otras de carácter más sutil, como el hecho de que por más que pasaba el tiempo yo no conseguía hacer que nuestro bonito y gran salón tomara ese carácter entrañable y acogedor que yo deseaba por mucho que me enamorara aquella chimenea:

» … probé a cambiar los muebles de lugar,

probé a cambiar el color de las paredes

e incluso la decoración …”

 Contraté a una experta en Feng Shui (que para los no entendidos como era yo entonces se trata de un arte ancestral chino que busca la mejora de las condiciones ambientales que fomentan el bienestar y la armonía general del individuo con su entorno).

Pero tampoco funcionó.

Pasaron varios años hasta que me di cuenta de lo que pasaba: era la luz.

La Luz que no entraba por esos grandes ventanales al estar el salón orientado hacia el noreste, por lo que sólo iluminaban la estancia unos tímidos rayos de sol hasta las 12 de la mañana.

No había luz y tampoco calorcito en invierno.

 Y esto …  ¡ No tenía arreglo posible !

Entonces vi claramente que  tenía que cambiar de casa: me hace infeliz vivir sin luz natural. Adoro nuestro maravilloso sol. Y pensaréis que soy una caprichosa, lo cual puede ser verdad.

Pero lo sea o no, mi realidad (y por lo tanto la de mi familia) era que no éramos felices en aquella casa: yo por la luz, y el resto de mi familia porque esto trascendía a ellos.

Ni que decir tiene, que fue motivo de malestar familiar, claro: no era nada trivial la decisión de cambiar de casa (vecinos, amigos, barrio, costumbres). Y tampoco era nada trivial el coste económico y desgaste personal que ello conllevaba.

Fui muy persuasiva y persistente. Hasta que finalmente convencí a mi marido.

“Pero esta vez”, me dijo: “tu te encargas absolutamente de todo, yo no tengo tiempo para esto!!”

Y así fue:

otra vez embarcada en

la aventura de buscar una nueva casa:

“Ésta si que va a tener luz natural a raudales” me dije.

Además, ahora ya tengo experiencia en buscar inmuebles y lo mejor: “hay tanta oferta en internet que lo voy a conseguir súper rápido … ¡qué fácil!

Jajaja, si hubiera podido verme por una ventanita en ese preciso instante, estoy segura de que seguiría viviendo en mi primera casa:

Yo seguía trabajando a un ritmo muy alto y ahora, además, llevaba con mi marido una familia más grande, con el trabajo adicional que esto supone.

Pero dado que fue mi ‘capricho’ y mi ‘responsabilidad’ no me quedó mas remedio que ponerme a ello con energía y decisión.

«Me planté delante del ordenador y abrí una agenda a la que puse el bonito título: NUESTRO NUEVO HOGAR»

Por no abrumar con más palabrería, resumiré que lo que pensé que serían un par de meses se convirtieron en dos años.

Dos años en los que mi agenda se llenó de teléfonos y citas para visitas, tachones y vuelta a empezar.

Visita tras visita finalmente conseguí algo que encajaba muy bien con nosotros, ¡estaba tan contenta!

Llevé a mi marido a ver la casa (la única que vio) y nos decidimos muy rápido, ésa era la casa.

Pero resulta que como no estaba en exclusiva (lo que por lo visto quería decir que estaba siendo comercializada por varias agencias a la vez) y, por lo tanto, mi agente inmobiliario no tenía información completa del inmueble … pues ¡zas! … alguien se nos adelanto 

Noooooo,

casi me da un ataque (bueno es una exageración, pero el humo me salía por las orejas como en los dibujitos animados).

Mi marido dijo que no iba a ver más casas.

La aventura terminó bien (con otra vivienda que vi varios meses más tarde claro) debido a mi tenacidad y a que yo personalmente cargué absolutamente con todo:

» … mi marido cerró la puerta de nuestra antigua casa y textualmente abrió la de nuestra nueva casa entrando directamente a vivir en ella… «

Oooh, dijo: “que maravillosa luz entra en el salón”

con asombro y con algo, cómo no, de ironía.

Y aquí, verdaderamente comenzó para mi una nueva vida. No solo porque cambiara de casa, sino también porque gracias a este conjunto de sin sabores cambié de profesión:

Me dije que haría, para quien así lo deseara, lo que ya hice para mi familia una vez:

ahorrar las desventuras de los procesos que conlleva un cambio de vivienda y dejar solo las venturas de estos, a las que incluyo conocimiento, experiencia, muchas ganas y un poquito de cariño.

¿Quieres mantener esa ilusión, con la que todos comenzamos la búsqueda de nuestro nuevo hogar, hasta el final y conseguir exactamente la casa que deseas?

¿Te imaginas contar con alguien que se adelante a cualquier detalle, ‘por trivial’ que parezca en un principio, ahorrándote así posibles frustraciones?

Si te estás planteando comprar una casa: HAZ QUE SEA SENCILLO Y EFICAZ

Con mi ayuda simplificarás al máximo una de las decisiones más importantes de tu vida.

Créeme:

¡soy una experta en ello!

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